Tuesday, March 10, 2009

Fragmentos: Cisnes Salvajes

Si quería que la población entrara en acción, Mao debería quitar autoridad al Partido y concentrar en sí mismo una lealtad y obediencia absolutas. Para lograr esto necesitaba crear terror, un terror tan intenso que paralizara cualquier otra consideración y neutralizara cualquier otro temor. Veía en los muchachos y muchachas adolescentes sus agentes ideales. Todos ellos se habían criado bajo un fanático culto a la personalidad de Mao y en la doctrina militante de la lucha de clases. Poseían todas las cualidades de la juventud: era rebeldes, intrépidos, deseosos de luchar por una causa justa, sedientos de acción y aventura. También eran irresponsables, ignorantes y difíciles de manipular…e inclinados a la violencia. Sólo ellos podían proporcionar a Mao la inmensa fuerza que necesitaba para aterrorizar a toda la sociedad y crear un caos que sacudiera – y luego destrozara - los cimientos del Partido.

…Durante varios días seguidos acompañe a mi padre a aquella calle y aguardamos desde el amanecer hasta el mediodía sin lograr advertir signo alguno de su presencia. Paseábamos arriba y abajo, golpeando el suelo cubierto de escarcha con los pies para calentarnos. Una mañana, mientras esperábamos a que se levantara la espesa niebla que ocultaba los inertes edificios de cemento, apareció mi madre. Acostumbrada como estaba a ver con frecuencia a sus hijos esperándola en la calle, alzó rápidamente la mirada para comprobar si estábamos allí esta vez. Sus ojos se encontraron con los de mi padre. Sus labios temblaron, y también los de él, pero no emitieron sonido alguno. Se limitaron a contemplarse fijamente hasta que un guardián gritó a mi madre que bajara la vista. Mi padre permaneció con la mirada impasible durante largo rato después de que ella doblara la esquina.

Jung Chang

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